BLOOD
Mi niña,
no tuviste que haberlo hecho,
no debiste cortar tu pálida piel,
no debiste haber derramado,
tu escarlata sangre
en los azulejos del baño.
No debiste cerrar los ojos,
no debiste dejar la puerta medio abierta.
Mi niña,
un error cometiste,
y lo pagaste muy caro.
El olor a sangre
inundó el solitario cubículo, lleno de rotos sufrimientos.
Mi niña,
descuidada siempre fuiste
y secretos tiraste al desagüe
del asqueroso váter
de la intuición.
Esos ojos verdes
observaron las lineas rojas,
que en tus brazos crecían,
gracias a la cuchilla,
que enterrada en tu piel,
a tus demonios incendiaría.
Entre tus dedos resbaló
la afilada cuchilla,
y tu bajaste rápidamente,
la manga de tu camisa.
~V~
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