28.11.20 CONDENA
Tú,
mi deseo prohibido,
mi anhelo más querido.
Tú,
mi sueño indomable,
mi temor más salvaje.
Tú,
con tu sonrisa de perlas
haces sombra a la propia luna.
Con tu mirada juguetona,
despiertas mis más primitivos instintos.
Tú,
mi pecado y mi infierno,
mi condena eterna.
Tú,
te has adueñado de mi mente,
y poco a poco, cada vez más
esta no para de pensarte, de anhelarte.
De desearte.
Tú,
fruta prohibida del Edén,
castigo eterno,
tentación.
Pero yo caigo,
cual pecadora,
en el fuego de tus brazos,
en el juego de tu mirada,
en tus labios.
Y como pecadora que soy,
he decir que la condena más dolorosa
es no poder oírte reír
~V~
Comentarios
Publicar un comentario