SANTÍSIMA MUERTE


Solía coquetearme con su inquieta cuchilla,
sosteniendo en su mano tierna, mi vida.
Hasta que mis venas fueron la más mórbida tentación.
El clímax, de su más deseada satisfacción.

Entonces Ella se manifestó, luciendo su corona
con espinas derramando lujurioso carmín.
Su lengua serpentina se insinuaba dichosa.
Su mirada inmortal se apoderó de mí.

La envolvía un aura blanco invierno.
Quedé hechizado por sus movimientos
que parecían invocados del profundo mar.

Se acercó con pasos flotando en el tiempo.
Supe que era mi último aliento,
cuando sus colmillos no me dejaron escapar.

~V~

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