Lo que sus ojos dicen y su mirada no entiende, como quien pone delante la mano evitando exponer su desnudez, vistiendo de modestia al títere de la conciencia. Aunque no quiera verlo aún se lo demuestren, la prueba está en lo que hechiza su carácter, en lo que abraza su mirada, que no es más que el reflejo de su belleza innata, acompañada de su continua risa y su pronta alegría.
Sus costumbres son propias de sabios y los detalles que ella resalta con tanta frescura y amabilidad son el espejo donde no se mira. Tal vez víctima de la insatisfecha sociedad, tal vez sus ganas de pasar desapercibida entre sus corrientes, pero yo sé, pues me lo dijo un pajarito, que ella es reina de sus dichas, envidiada por la utopía, hermana de la hermosura y musa de todo el que la desnuda. Y ella sigue pensando que no encaja en la avenida, sin saber que es el ejemplo de una pura vida.
Y aún no sabe que entre las grietas de las horas que cree no consumir con eficacia, es instigadora del destino, precursora del futuro, presente de todas las cosas y causante de mis causas.

A la joya que cree que no brilla, a buenas horas apareces, sin invitación y causándome cosquillas.

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